Blog sobre Finanzas Personales, Inversiones, Gestión del Dinero y Libertad Financiera

El presupuesto familiar: una llave mágica para sanear tus finanzas

Elaborar un sencillo presupuesto familiar, es el primer paso práctico para poner orden en la economía doméstica

No es necesario contar con grandes fortunas de dinero para tener la necesidad de elaborar el presupuesto familiar. Muchas familias piensan que no es necesario porque apenas tienen una modesta fuente de ingresos y sus gastos mensuales son los típicos de cualquier familia promedio, como pagar la renta, las facturas de servicios, alguna escapada al cine, el colegio de los niños, o los gastos del vehículo. Independientemente de la holgura económica que tenga tu familia, necesitas elaborar el presupuesto familiar.

Del mismo modo que ocurre en una empresa, mientras no manejemos adecuadamente la economía doméstica, estaremos incurriendo en graves errores con nefastas consecuencias para nuestros bolsillos (y también para nuestra salud), como las deudas que nos cuesta muchísimo pagar,  y repetiremos una y otra vez la tristemente célebre frase: “no llego a fin de mes”.

Para evitar esos momentos embarazosos, debes poner orden en la economía doméstica y el primer paso práctico para lograrlo es elaborar un sencillo presupuesto familiar. El presupuesto te permitirá llevar las cuentas al día, y te ayudará a no derrochar el dinero; te permite hacer un seguimiento de tus gastos para reducirlos, priorizarlos o eliminarlos en la medida de lo posible; además, si mediante el presupuesto conoces la situación económica de tu familia al día de hoy, estarás en capacidad para hacer mejores previsiones, te invitará al ahorro y a protegerte ante imprevistos como enfermedades, desperfectos en la vivienda, averías del vehículo, etc.

Un presupuesto básico tiene dos columnas: la columna de INGRESOS y la columna de GASTOS. En la columna de ingresos escribirás las entradas de dinero que sostienen a tu familia: salarios, horas extras, ayudas económicas y, en general, cualquier otra fuente de ingreso que tu familia tenga durante el mes.

En la columna de gastos, registrarás todos los gastos mensuales clasificándolos en tres categorías: [1] gastos obligatorios (los que no puedes dejar de pagar y además son fijos); por ejemplo, la renta o hipoteca de la casa, un préstamo bancario que hayas solicitado, las cuotas de la Seguridad Social, o el pago de la comunidad. La categoría [2] corresponde a los gastos necesarios (no puedes dejar de pagarlos, pero puedes reducir el importe de lo que pagas); ejemplos típicos de esta categoría corresponden a las facturas de electricidad, agua, teléfono, gastos de alimentación, vestido y transporte. Como ves, no puedes dejar de incurrir en este tipo de gastos, pero puedes tomar acciones para reducir el importe que pagas. La tercera categoría [3] es la de gastos ocasionales o superfluos. Aquí apuntarás todos esos gastos que puedes eliminar totalmente en caso de que sea necesario, por ejemplo: los gastos de ocio y recreación (alimentación y bebidas fuera de casa, paseos de fin de semana), también los bienes de consumo no imprescindibles, como los equipos electrónicos u otros objetos similares.

Una vez que hayas registrado con sinceridad todos los ingresos y todos los gastos, totaliza ambas columnas y establece la diferencia entre ambas. Si el total de la columna de gastos es mayor que la de los ingresos, no hace falta que te diga (porque ya lo habrás notado) que estás en serios problemas económicos y deberás comenzar cuanto antes a eliminar los gastos ocasionales y a reducir el importe de los gastos necesarios (salvo que estés en condiciones de obtener mayores ingresos). Si por el contrario, la columna de ingresos es mayor que la de gastos, deberás interpretar esa diferencia como tu capacidad de ahorro; de ser así, marca el objetivo de ahorrar por lo menos el 10% de tus ingresos mensuales y comprométete a lograrlo.

Recuerda que el objetivo del presupuesto familiar es hacer que los ingresos cubran los gastos; por eso, cuando vayas a elaborar el presupuesto involucra a la familia para que todos se comprometan con el ahorro y eviten el derroche. El presupuesto te ayudará a identificar y eliminar gastos innecesarios, reducir los gastos superfluos y disminuir las facturas de los gastos necesarios. Para que tengas mayor holgura y el presupuesto sea tu mejor aliado financiero, evita hasta donde sea posible el uso de tarjetas de crédito, cuídate de contraer deudas a largo plazo o con intereses muy altos (sobre todo, los créditos al consumo) y lo más importante, nunca te olvides de la regla de oro: no gastes por encima de tus posibilidades.

Cómo vencer el miedo a perder el dinero

No dejes que el miedo te paralice o te debilite emocionalmente; considéralo como algo necesario y úsalo a tu favor

Quien nunca haya tenido miedo a perder dinero, que tire la primera piedra. Es obvio que a nadie le gusta perder dinero; lo cuidamos como si fuese nuestro bien más preciado, pero conviene reflexionar sobre cómo ese miedo afecta nuestras actitudes.

El miedo a perder dinero es inevitable (tanto para pobres como para ricos); pero más que inevitable, el miedo también es necesario, por lo que no es de cobardes sentir ese temor. La cuestión de fondo no es el miedo en sí, lo que verdaderamente interesa es cómo ese miedo nos afecta emocionalmente; en otras palabras, cómo gestionamos el dinero aun sintiendo miedo. En ocasiones, las personas temen tanto perder que no corren ningún tipo de riesgos, juegan a lo seguro y a la final terminan perdiendo.

¿Cómo manejar la percepción de riesgo, la sensación de pérdida y la experiencia del fracaso?  Uno de los mejores trucos para vencer tu miedo a perder, es replanteando tu concepto de fracaso ¿Qué es el fracaso para ti? Puedes verlo como una tragedia o como un aprendizaje; puedes entenderlo como la señal para abandonar tus anhelos, o visualizarlo como una inspiración para ir incluso más allá de tus sueños. Posiblemente veas el fracaso como un castigo por tu ambición, o quizás prefieras entenderlo como una nueva oportunidad; probablemente lo consideres una derrota, mientras que otros lo ven como el momento para volver a comenzar.

Hay personas que se debilitan ante el fracaso, mientras que otras se fortalecen ¿Cómo y por qué ocurre eso? Básicamente, la diferencia no la encontremos en cuestiones objetivas, como los títulos académicos que has obtenido, el lugar dónde vives, la edad, o la fortuna que posees; la diferencia entre una y otra forma de ver las consecuencias del fracaso está en la actitud, y tu actitud depende de lo que creas.

En términos concretos, el miedo a perder dinero está enraizado con el miedo al fracaso y una de las recomendaciones más prácticas para superar el miedo a perder el dinero es asumir el hecho de que nadie te lo quitará de las manos (a menos que tu lo permitas); el dinero tampoco va a desaparecer por sí solo (salvo que lo tires por la ventana y el viento se lo lleve). En cualquier caso, tu eres el gran administrador del dinero y ya sabes que no hay éxitos sin aprendizajes. Cuantas más habilidades adquieras para gestionar tu dinero, menos aversión tendrás al fracaso y en consecuencia menos preocupación sentirás ante la posibilidad de perder. Recuerda que ningún rico se ha hecho rico sin perder algo de su dinero

En este punto bien vale la pena extraer una poderosa frase del libro Padre Rico Padre Pobre cuyo autor, Robert Kiyosaki, advierte sin tapujos que los perdedores evitan el fracaso, mientras que el fracaso convierte a los perdedores en ganadores. Entonces, no le tengas pánico el fracaso porque tu respuesta natural ante ese temor será no hacer nada (y no por miedo a perder vas a dejar de jugar). Tampoco te conformes con jugar a lo seguro porque aun ganando, de poco te servirá. No olvides que tu tienes la suficiente capacidad para ganar, y si llegas a perder el dinero, no te preocupes porque siempre tendrás las herramientas y las habilidades para encontrar nuevas oportunidades de recuperarlo y recapitalizarlo.

Mi recomendación final: atrévete y nunca pienses en términos de pobreza, porque ella siempre está custodiada por un gran ejército de agobios, miedos y temores.

El éxito financiero no depende de tu salario

No vive mejor quien más dinero gana, sino quien mejor maneja las finanzas personales para alcanzar sus objetivos

Aunque parezca extraño, un buen salario no garantiza el éxito financiero; tampoco significa un fracaso el hecho de tener un salario bajo. El éxito financiero dependerá de la forma como manejes tus finanzas personales para mejorar tu calidad de vida y alcanzar tus objetivos (independientemente del dinero que ganes y de la holgura que tengas para gastarlo).

El manejo de tus finanzas personales es un proceso que comienza conociendo tu situación financiera actual. Ese proceso continúa estableciendo y priorizando tus metas, para que luego puedas desarrollar ciertas estrategias que te permitan avanzar desde tu situación actual hasta lograr tus objetivos.

Como ves, este es un proceso integral de planificación. Es la calidad de vida la que vas a mejorar  y por eso no puedes concentrarte solamente en un interés particular, descuidando o dejando otros intereses de lado. Una adecuada planificación financiera personal te permitirá tomar decisiones inteligentes, incluyendo la compra de tu primera vivienda, el manejo de contingencias, la educación de tus hijos, o incluso la forma de garantizar tu calidad de vida luego del retiro.

No vive mejor quien más dinero gana. Quien mejor vive es aquel que haya sido capaz de obtener la mejor calidad de vida posible, y la planificación financiera personal viene siendo como el mapa que marca la ruta para alcanzar los sueños, lograr los ideales y alcanzar las metas. La planificación financiera personal se convierte así en tu hoja de ruta integral; te ayuda a identificar esos sueños, a priorizar tus metas, te alerta acerca de los obstáculos que posiblemente encontrarás en el camino; te previene de terribles equivocaciones que puedas cometer, te prepara para afrontar contingencias e imprevistos y, por si fuera poco, te ofrece información de primer orden para que tomes las mejores decisiones.

Como te habrás dado cuenta, tu éxito financiero no depende tanto de tus ingresos, sino más bien de la claridad de tus metas y de la hoja de ruta que hayas diseñado para manejar tus finanzas personales.

¿Estás pensando en pagar tu hipoteca antes de tiempo?

Te proponemos 4 fórmulas para que puedas liberarte de tu hipoteca antes de tiempo

Es muy probable que la compra más grande e importante que hagamos en la vida sea la de nuestra vivienda. Al momento de firmar nuestra primera hipoteca nos emocionamos por haber alcanzado una meta; celebramos ese acontecimiento con toda la familia, sin pensar siquiera que estamos contrayendo una obligación financiera que deberemos honrar durante toda la vida, y pagando mucho más que su costo.

Al principio, no hay mejor sensación que tener las llaves de una vivienda propia; con el paso del tiempo, esa sensación se desvanece y es reemplazada por el deseo de librarte de tus deudas; lo cual no es nada descabellado, porque el simple hecho de reducir los gastos por concepto de intereses sobre la deuda ya es una forma de ahorrar; además te sentirás emocionalmente seguro, no le debes nada al Banco y ahora sí puedes decir que la vivienda es completamente tuya. Esa seguridad es una de las mayores ventajas de pagar tu hipoteca antes de tiempo, aunque tengas que pagar ciertos gastos por cancelarla anticipadamente. Si tienes una hipoteca y estás de acuerdo con lo que estás leyendo, quizás sientas un impulso desenfrenado para liberarte de tu hipoteca cuánto antes, pero antes de hacerlo conviene que primero te libres de las deudas con mayores intereses (por ejemplo las tarjetas de crédito o los préstamos al consumo), construyas un fondo de emergencia (mínimo para satisfacer los gastos de 3 meses de vida), y revises tu plan de jubilación.

Si decides liberarte de la hipoteca antes de tiempo, existen ciertas formas recomendadas:

  • Hacer pagos cada dos semanas. Quizás ésta sea la forma más sencilla de acortar la vida de tu hipoteca. Si cada dos semanas pagas la mitad de la cuota mensual, puedes reducir tu compromiso hipotecario por aproximadamente cuatro años. Es importante que observes que el pago se hace cada dos semanas, por lo que si un año tiene 52 semanas, deberás hacer 26 pagos (equivalentes a 13 cuotas mensuales). Este sistema te permite adelantar el cronograma de pagos y además disminuir los gastos por intereses puesto que los dos últimos pagos (25 y 26) serán aplicados a reducir el préstamo principal.
  • Aumentar los pagos mensuales. Tal vez sea el método más atractivo para quienes tienen cierta capacidad de ahorro. Si posees una holgura financiera que te permita pagar un extra por encima de la obligación contractual que adquiriste al comprar tu vivienda, no sólo pagarás menos intereses, sino que también reducirás el tiempo de vida de la hipoteca. Es cuestión de sacarle punta al lápiz y echar cuentas.
  • Hacer pagos anuales. Muy posiblemente, al finalizar cada año disfrutas de una buena situación económica porque recibes bonos, pagos por utilidades, compensaciones, salarios adicionales u otros ingresos extraordinarios; pues bien, con algo de disciplina financiera podrás destinar parte de ese excedente a amortizar el préstamo hipotecario. Al igual que en los casos anteriores, no solamente terminarás antes de pagar la hipoteca y podrás librarte de esa carga financiera, sino que además reducirás los gastos por intereses, lo que en resumidas cuentas es un ahorro. Otras personas prefieren apartar una porción del excedente mensual para destinarlo posteriormente a amortizar el préstamo mediante un pago anual; de esa forma se aseguran la flexibilidad en medio de la disciplina financiera y mantienen un fondo para cubrir imprevistos o cualquier emergencia que surja a lo largo del período.
  • Refinanciar la deuda hipotecaria y reinvertir. Si no te sientes atraído por alguna de las formas anteriores, todavía dispones de esta opción para reducir el tiempo de vida de tu hipoteca. Las actuales tasas de interés bajas son un incentivo para refinanciar la deuda, y si eres inteligente podrás permitirte además cancelar tu hipoteca antes de tiempo. Obviamente, tendrás que valorar el costo del refinanciamiento con tu Banco acreedor (porque refinanciar cuesta dinero) pero si el nuevo préstamo tiene condiciones ventajosas para ti, seguramente tendrás una mayor capacidad de ahorro, la cual a su vez podrás reinvertir y hacer pagos adelantados aplicados al préstamo principal.

En cualquier caso, el método que elijas para liberarte de la hipoteca antes de tiempo, solamente va a depender de lo que tenga sentido para ti. Debes elegir la opción con la que te sientas más cómodo según tu situación financiera y tus preferencias personales y familiares.

3 formas de maximizar el rendimiento de tu salario

Recuerda que tan importante como la cantidad de dinero que recibes, es la forma como maximizas el rendimiento de ese dinero

La mayoría de las personas gestionamos nuestros presupuestos recurriendo a la contabilidad mental. Es fácil imaginar el destino de nuestro salario o lo que vamos a hacer con ese dinero, incluso antes de que lo recibamos. En ese momento volvemos a darnos cuenta (una y otra vez) que cada céntimo de nuestro salario cuenta y que tenemos muy poca holgura para añadir cualquier otro gasto adicional.

Quizás estés pensando que lo ideal ante esa situación será incrementar tus ingresos mensuales, bien sea percibiendo un segundo salario adicional o trabajando más horas extras, pero con frecuencia pasa inadvertido que tan importante como la cantidad de dinero que recibes, es la forma como maximizas el rendimiento de ese dinero; en otras palabras, cómo usas tu dinero. Tratar de incrementar tus ingresos a lo largo del año, al mismo tiempo en que logras: 1] beneficiarte de los incentivos fiscales que te correspondan, 2] asegurar una buena protección en materia de salud (que evite costosas facturas en los casos no cubiertos por la sanidad pública), y 3] preservar tu dinero reduciendo tus gastos, son maneras inteligentes de maximizar el rendimiento de tu salario.

Intenta disminuir tu factura de comestibles, gasta menos en gasolina, reduce tus gastos superfluos; desecha hábitos de consumo onerosos y replantea tus preferencias sociales. En muchas ocasiones, preferimos destinar el dinero a gastos de ocio y recreación antes que destinarlo a pagos básicos, adquirir un buen seguro médico o reducir la deuda de la hipoteca. En otros casos adquirimos un vehículo nuevo o una vivienda en primera linea de playa, tan solo por el deseo de aparentar y no por necesidad. Esta parece ser la razón por la cual en algunas sociedades, el crecimiento del crédito para la adquisición de  bienes de consumo se ha acelerado en los últimos años; comenzando también a sentirse un impulso en el crédito hipotecario.

Vivimos en una atmósfera de constante ansiedad por el dinero, y esa ansiedad puede afectar nuestra vida personal y familiar. Siempre deseamos ganar más para tener más, y como ya te habrás dado cuenta, en muchos casos la solución a nuestra escasa holgura en el presupuesto familiar no la encontramos al trabajar horas extras o hallando un segundo empleo; la mayor parte de las veces todo se resuelve teniendo un poco más de disciplina financiera que te ayude a maximizar la utilidad y provecho del dinero que ganas.

Trata de alcanzar un equilibrio financiero adecuado; cuando lo logres notarás que el dinero ha dejado de dominarte.

3 pequeños hábitos que te pueden llevar a la ruina

Deshazte rápidamente de algunos hábitos financieros que te pueden estar perjudicando, y comienza a proteger tu patrimonio

Para nadie es un secreto que las compras compulsivas y la obsesión por adquirir los últimos modelos de caprichos tecnológicos, son vías rápidas para conducirnos al colapso financiero, pero hay otros hábitos que aparentan ser inocuos y que pueden causar grandes daños en nuestra economía personal, incluso algunos estragos financieros con el paso del tiempo. Tres hábitos aparentemente inocentes pero potencialmente dañinos son:

  1. Hacer muchas compras pequeñas: El sentido común nos dice que nadie va a dejar de tomar un café o comprar un pequeño dulce a media tarde, pensando que esa decisión le pudiera estar conduciendo a la quiebra; pero posiblemente no nos hayamos dado cuenta del tremendo impacto económico de esos inocentes caprichos cuando son recurrentes y se convierten en hábito; si no estás convencido, basta con sumar todos los gastos “pequeños” que hiciste durante un mes, para que te des cuenta de ello. El café de la mañana, el postre de la tarde, la botella de agua mineral, la prensa diaria con la actualidad deportiva, el paquete de caramelos o la chocolatina que compras en el mismo kiosko de prensa, la revista semanal que adquieres para enterarte de la vida sentimental de los famosos, las chucherías que llevas a tu casa, y tantos otros ejemplos por el estilo, deben invitarte a prevenir estos hábitos de consumo recurrente.
  2. Ser excesivamente generoso: La generosidad es un rasgo de la personalidad que te mueve a ofrecer y compartir tus bienes con otras personas. Está bien ser generoso, más aun con quienes realmente necesitan de tu comprensión y ayuda, pero debes tener cuidado porque tu generosidad puede estar afectando tu bolsillo de manera sorprendente. Calcula el importe total de las propinas que dejas en la peluquería, en los restaurantes, en los taxis; suma las donaciones que regularmente das a tu iglesia, o las veces que te piden una contribución para ciertas organizaciones benéficas. Completa el cálculo con las monedas que ofreces a los músicos callejeros, o a las personas sin recursos que te piden limosna en la calle o en el metro, y puedes continuar añadiendo lo que gastas en patrocinar obras sociales o proteger ciertas especies animales en peligro de extinción; incluye también el dinero que diste “prestado” a personas conocidas y compañeros de trabajo cuando te pidieron ayuda para solucionar una necesidad. Todos esos pequeños gastos (y otros tantos) afectan tu economía. No te pedimos que dejes de ser generoso; solamente te advertimos e invitamos a que calcules el impacto económico de tu generosidad y benevolencia.
  3. Utilizar la tarjeta de crédito para todo: Es cierto que una tarjeta de crédito evita la necesidad de que dispongas de dinero efectivo en tu cartera o en los bolsillos con las ventajas que eso conlleva, sin contar con otros tantos beneficios asociados con su uso;  pero es muy peligroso que adquieras el hábito de pagar todas tus compras con tarjeta de crédito, ya que al hacerlo puedes perder de vista el impacto económico y emocional, y eso te conducirá a gastar más de lo que necesitas o a comprar más de lo que que deberías. Ten en cuenta que muchos establecimientos condicionan la aceptación de la tarjeta de crédito a un importe mínimo de compra, con lo que sientes la necesidad de comprar incluso por encima de tus posibilidades. No olvides que cada vez que utilizas tu tarjeta de crédito, estás adquiriendo una deuda.

Si de verdad te interesa comenzar a tomar buenas decisiones financieras, cuídate de estos tres hábitos y evita fabricar excusas que te amarren a ellos; de ese modo solamente te estarías engañando a ti mismo y no estarías actuando de forma inteligente para proteger tu patrimonio ni el de tu familia.

Algunas señales de que eres un holgazán financiero

En muchas ocasiones hemos escuchado expresiones tan alentadoras como:

  • A partir de mañana comenzaré a ahorrar más.
  • Estoy convencido de que no debo gastar tanto.
  • Voy a comenzar a ahorrar para la jubilación.
  • Voy a pagar todas las deudas de las tarjetas de crédito

Y así muchas otras por el estilo, que representan un buen comienzo para poner orden en los asuntos financieros. Las personas suelen prometerse cosas para sí mismas, aunque en ocasiones surge algo que obliga a que los objetivos financieros sean relegados a un segundo plano.

Así como hay un amplio grupo de personas que tienen sanas intenciones de enderezar su economía y marcan sus objetivos financieros, hay otras que ni siquiera hablan de estos temas, y mucho menos intentan acciones mínimas para disfrutar de una mejor capacidad financiera. Estas personas no son conscientes de la necesidad de establecer metas, creen que el mundo de las finanzas no es para ellos o, peor aun, tienen flojera mental para pensar en tales asuntos aun cuando su salud financiera sea crítica. Estas personas son auténticos holgazanes financieros”.

Por su forma de pensar y su actitud ante el dinero y las finanzas, los holgazanes financieros poseen ciertas cualidades que les impide alcanzar niveles superiores de bienestar y holgura económica. Te invito a que revises tu actitud financiera en busca de alguna de estas señales:

  1. No tienes sentido de urgencia. Si sientes que no hay razón para preocuparse ahora por los temas financieros, o si tu frase favorita es “algún día” (algún día pensaré en la jubilación; algún día tendré mas dinero; algún día podré comenzar a ahorrar; algún día tendré mi casa propia; algún día viviremos sin deudas), quizás seas un holgazán financiero. Nunca pienses que este no es el momento adecuado para pensar en el dinero, en el ahorro, en los préstamos, en la jubilación, en las inversiones. Todos los días debes pensar en términos financieros, porque si no lo haces, tu vida y la de tu familia estarán cada vez más expuestos.
  2. Crees que las cosas están bien como están y así deben seguir. Algunos holgazanes financieros no tienen un poderoso deseo de mejorar su situación financiera, haciendo que permanezcan felices y estáticos en su zona de comodidad. Recordemos que siempre hay oportunidades de mejora; siempre hay espacios para disfrutar de mayor bienestar, pero los holgazanes financieros no encuentran el aliciente para dar el primer paso; piensan que lo que tienen es suficientemente bueno para ellos y prefieren dejar las cosas tal como están.
  3. Sientes que no avanzas por querer buscar la perfección. Muchas personas que desean acercarse a la perfección, terminan paralizadas y convertidas en holgazanes financieros. Esas personas, muy exigentes y demasiado duras con ellas mismas, se dedican a dar vueltas a las mismas ideas una y otra vez; son felices pensando y analizando, pero no actúan, y cuando por fin logran completar el rompecabezas mental sobre sus metas financieras, posiblemente no sepan asignar prioridades, se encuentren sin ideas para dar el primer paso,  o se muestran incapaces de aceptar los errores y tolerar los fracasos. Recuerda que el miedo paraliza y el resultado final de pensar en exceso es la inacción.

Una mínima educación financiera, autoestima y buena actitud ante la incertidumbre te pueden prevenir de ser un holgazán financiero. Actúa siempre con sentido de urgencia (comienza hoy); mejora todo lo que puedas mejorar (nunca te conformes) y no dediques tanto tiempo a buscar la perfección, porque a fin de cuentas ¿quién es perfecto en este mundo?

Al momento de invertir, hazlo de manera inteligente

 

Para invertir de manera inteligente no basta contar con la suerte o la intuición; también debes poseer una expectativa razonable de rentabilidad.

Una de las grandes diferencias entre ahorrar e invertir es que al invertir estás comprometiendo parte de tus ahorros con la esperanza (que no es certeza) de ganar algo más de dinero, lo cual está muy bien, pero cada vez que inviertes estarás aceptando un riesgo, algo que no ocurre con el ahorro.

Al invertir arriesgas parte de tu dinero para obtener más dinero. Esta es una de las maneras que tienes para hacer que el dinero trabaje para ti, incluso mientras duermes, estés de vacaciones o cenando con tus amigos; pero invertir es muy distinto que jugar a la ruleta o a cualquier otro juego de casino (donde interviene el azar), por lo que tienes que hacerlo con inteligencia. Para invertir de manera inteligente no basta contar con la suerte o la intuición; también debes poseer una expectativa razonable de rentabilidad, la cual dependerá de la cantidad y calidad de la información que poseas sobre la inversión, y del juicio con el que la interpretes para extraer conclusiones, además  del riesgo que estés dispuestos a asumir.

Aun con la incertidumbre y el riesgo que conlleva, la inversión inteligente te permitirá un mayor control de tu dinero y la independencia financiera que siempre has deseado, pero nunca olvides que al invertir estarás utilizando parte de tus ahorros y por lo tanto, estarás comprometiendo tu capacidad financiera.

Invierte siempre de manera inteligente y nunca arriesgues el dinero que necesitas para pagar obligaciones inmediatas o en el corto plazo.

Cómo evitar que tu dinero se fugue

Cuidado con esos pequeños gastos recurrentes y habituales, porque suelen ser las grandes vías por donde se nos escapa el dinero

En muchas ocasiones nos quejamos de que el dinero no nos alcanza para cubrir los gastos mensuales. Pareciera que nunca tuviéramos el suficiente dinero, porque mientras mayor sea la cantidad que ingresamos en nuestra cuenta bancaria, con más rapidez la gastamos.

A pesar de que el tema del dinero es sensible para la mayoría de nosotros, es muy probable que no tengamos conciencia de lo que gastamos o no sepamos a ciencia cierta lo que hacemos con nuestro dinero (simplemente nos percatamos de que ya no lo tenemos), y esos pequeños gastos recurrentes y habituales son las grandes vías por donde se nos escapa.

Compras innecesarias, gastos superfluos, algunos hábitos de consumo y ciertos convencionalismos sociales, descosen nuestros bolsillos permitiendo que el dinero se nos “cuele” por esos pequeños orificios, reduciendo significativamente nuestra capacidad de ahorro.

Si sacas punta a tu lápiz y juegas un poco con los números, calcula lo que gastas en cafés, cigarrillos, suma los pagos mensuales que haces cuando invitas a tus compañeros de estudios o de trabajo; calcula todo el dinero que gastas haciendo pequeñas compras de lo que te gusta y te atrae, aunque no lo necesites. No se trata de que te prives de las cosas que te agradan, sino de que adquieras conciencia de lo que estás haciendo con tu dinero y de la necesidad que tienes de preservar cierto margen de maniobra que te permita manejar imprevistos.

Si quieres prevenir que tu dinero se fugue a través de esos pequeños orificios, trata de adquirir la suficiente disciplina para evitar gastar en restaurantes de comida rápida, reduce  los consumos de café y cigarrillos; diviértete con actividades recreativas al aire libre, como parques y paseos que no requieren grandes desembolsos de dinero. Si vas al cine, piensa en lo que gastas en palomitas y refrescos (esos gastos son bastante significativos). Trata de ir al trabajo caminando  o en transporte público, e intenta disminuir el uso de tu vehículo particular para evitar pagos por consumo de combustible, aparcamiento e incluso una que otra multa a la que estarías expuesto.

Y si vas al automercado, hazlo después de comer; de esa manera podrás resistir la tentación de adquirir lo que no necesitas, o de comprar demasiada cantidad (recuerda que mientras más ganes, más vas a consumir). Por supuesto, evita comprar artículos por sus bonitos empaques, así como los artículos y revistas que se encuentran en las líneas de espera de las cajas (si están ahí, es porque realmente no se necesitan)

En resumidas cuentas, comienza hoy a identificar los pequeños huecos por donde se te está escapando el dinero; quizás te sorprendas cuando veas que sin darte cuenta estás perdiendo hasta el 30% de tu salario y que esa cantidad la podrás comenzar a utilizar de forma mucho más inteligente, para cancelar algunas deudas en la medida de tus posibilidades y hacer inversiones que rentabilicen tu dinero.

Si de verdad quieres ahorrar, puedes hacerlo

 

Si eres de las personas que esperan a que les sobre algo de dinero para comenzar a ahorrar, estarás perdiendo una oportunidad de oro para alcanzar tu libertad financiera

No seas de esas personas que todavía piensan que el ahorro no se la lleva bien con las deudas. Es cierto que la mayoría de la gente cree que lo que que llamamos “ahorro” es el dinero que “sobra”; y es un error pensar de esa manera porque el dinero nunca sobrará. Considera que el ahorro es, simplemente, la parte de tu ingreso que no destinarás al consumo; si lo ves así, comprenderás que Don Ahorro y Doña Deuda puedan vivir juntos y felices para siempre; solamente necesitas estar consciente de lo verdaderamente importante para ti, tener ideales, voluntad y cierta disciplina en cuanto a la forma como manejas tu dinero.

Si aun no has comenzado a ahorrar, este es el momento de hacerlo. Razones hay muchas, aquí solamente te indicamos algunas:

El ahorro te facilitará planificar tu futuro y alcanzar metas en la vida; reducirás la dependencia económica de tus familiares y amigos; tendrás una mayor capacidad de respuesta ante emergencias, contingencias u otros imprevistos; no tendrás necesidad de contraer ciertas deudas que pudieran ser difíciles de pagar; podrás planificar tus viajes, vacaciones o cualquier otra actividad lúdica que te agrade; tendrás cierta holgura económica para contribuir a mejorar la calidad de vida de tu familia; te sentirás menos estresado o agobiado ante los problemas económicos del día a día; tomarás mejores decisiones relacionadas con tu futuro, tus estudios o el trabajo; irás construyendo un perfil financiero que te será de mucha ayuda cuando quieras pedir un préstamo para adquirir tu vivienda o comprar un vehículo; también irás consolidando una forma de pensar que te permitirá organizar tus ingresos, priorizar tus gastos y vivir sin grandes sobresaltos luego del retiro.

Como verás, ahorrar tiene ventajas que aunque casi todos reconocen, muchos no se decidan a hacerlo. Si eres de esas personas a las que se les dificulta comenzar a ahorrar, te recomiendo que en el mismo instante en el que recibas tus ingresos mensuales o quincenales, apartes una pequeña porción para el ahorro y poténcialo tratando de gastar menos en chucherías, refrescos, café, salidas con amigos o comer fuera de la casa. Créeme que no es difícil; tan solo debes mantener tu compromiso de hacer crecer la cuantía del dinero ahorrado y a la final verás que se convierte en un saludable estilo de vida.

RECUERDA: nunca pienses que vas a ahorrar el dinero que te sobra, y no esperes a tener una mejor oportunidad para comenzar a ahorrar. El ahorro es una de las grandes herramientas que tenemos a la mano para construir el futuro que deseamos.